A través de mis lentes

miércoles, 6 de mayo de 2009

La necesidad y los negocios ilegales

Con movimientos expertos de manos y vista, la señora sacó rápida y disimuladamente del paquete de bolsas plásticas varios objetos y en instantes, el pequeño stand con una gran oferta de música y películas quedó al descubierto. Mientras observa nerviosamente hacia los lados, lanza frases incitando a los paseantes a revisar curiosamente la lista de las últimas películas que ofrece, guardando la esperanza de poder reunir un monto aceptable a manera de comprar algo para la cena familiar.


Un par de cuadras más hacia la izquierda, otros hacen lo mismo. Esta vez, no se trata de cds, sino de frutas y verduras ofrecidas en cajas plásticas colocadas en las orillas de las aceras, fajas, anteojos etc. También estos se mantienen alertas por si alguien les llama la atención por hacer lo que hacen y donde lo hacen. Los paseantes sortean a los vendedores cuando se puede y cuando no, invaden parte de las calles mientras los vehículos pasan intimidándoles y probando la ley del más fuerte. Para el peatón es importante aprender a vivir en esta ciudad y ejercitarse en cuanto a lidiar con objetos o personas que constantemente obstruyen el paso por las aceras, pero muchas veces éste mismo peatón se ha detenido a comprar cosas a los que obstruyen con sus ventas. Así que se trata de una convivencia complicada, pero muchas veces necesaria. También es de vital importancia aprender a convivir con sus semejantes cuando se comparte una misma situación económica que le arroja a las calles a luchar por un par de centavos lidiando con su propia sobrevivencia y la de sus familias, y esto, lo conocen mejor los que obstruyen que los que ven su paso obstruido.


En este mundo de los que se la juegan de la manera que sea para salir adelante, también existen aquellos que tienen la suerte de contar con la opción de montar el mismo negocio ilícito seguramente, pero sin nadie que les moleste ni amenace. La presentación de lo que ofrecen es muy diferente a los anteriores casos: ropa y objetos a precios muy accesibles para aquellos que conocen de marcas reconocidas mundialmente que exhiben en estantes limpios y muchas veces en tiendas de las “buenas”. En este mismo rubro también están aquellos que tienen uno de esos negocios “rent a movie” y que como el mercado es tan grande, deben ampliar la oferta con copias que son igual de ilegales que las que se ofrecen en el estante de la acera. En este caso, la venta transcurre tranquilamente, pues dentro del negocio, nadie ingresa a controlar ni tampoco son reprimidos por la ley.


La diferencia entre estos negocios reside entre quién tiene el derecho de tener un rendimiento de varias cifras tranquilamente dentro de un local, a quien no tiene ese derecho por cuestiones puramente monetarias y casi a manera de poder subsistir abre su chinamo andante en las aceras de San José. Estos, claro está, son cada vez más e incluso será cada vez más difícil correrles pacíficamente con el alegato de que su actividad es ilegal, pues no tardarán en darse cuenta de que no es justo que lo bueno para la gansa no lo sea para el ganso, y en un mundo donde los derechos se dice que son iguales para todos, nuestra vida se rige como en el caso de los carros que ven invadido su espacio para transitar, por la ley del más fuerte.

domingo, 5 de abril de 2009

Es hora de despertar!

En estos días, todos tiemblan frente al pensamiento de que esta crisis, o cualquier otra, pueda llegar a invadir el propio espacio, pues hasta ahora, solo se escucha que el vecino de arriba, abajo o de al lado es el que está siendo afectado. Mientras tanto, el ciudadano permanece en un trance, aferrado a la idea de que otro es el culpable de todas las tragedias humanas. De vez en cuando, alguno tira una piedra, e inmediatamente esconde la mano, y cuando se pasa la lista de los dispuestos a darlo todo por ayudar a los demás o al país, se vuelven a ver unos a otros y al final hay una gran ausencia de interesados.

Falta interés por la política, por lo social, por lo cultural. La población padece el mal de la apatía generalizada. El político se convirtió en el papá que decide qué hacer mientras el pueblo duerme, aunque de vez en cuando durante pesadillas hablemos dormidos y critiquemos sus actos, estas son solo pesadillas y no tienen ningún efecto en la realidad.

Es hora de que el país entero se interese por los problemas que nos acosan, pero más importante es aún, que todos juntos tratemos de buscar soluciones.

Estamos en época de campaña electoral y todos los ciudadanos están siendo invitados a participar. Se debe de tomar en cuenta de que si no nos involucramos, ni votamos, ni siquiera tendríamos el derecho de protestar si algo sale mal. Debemos preocuparnos por elegir a alguien que dirija este país con honradez y transparencia, pero sobre todo, con sensibilidad hacia los más necesitados. Se podría decir que resulta difícil decidir después de muchos desengaños, pues muchos piensan que todos los políticos son iguales. Es entonces, cuando deberíamos de sincerarnos y dejar de buscar la paja en el ojo ajeno, pues los únicos culpables de que estos existan, somos nosotros mismos.

Somos culpables por no interesarnos en estudiar propuestas y candidatos de manera consciente y pensar que no contamos para nadie. Somos culpables por no participar activamente para que los incorrectos y corruptos, no tengan derecho de ocupar un cargo público y para que además, las voces de los más necesitados sean escuchadas. Pero lo más preocupante sobre todo, es que somos responsables por incentivar la desesperanza en la juventud. Un país necesita jóvenes protagonistas en todos los ámbitos, que luchen por sus derechos y porque las oportunidades existan para todos. Solo así, podremos estar seguros de que el desarrollo de un país llegará a todos sus habitantes y de que el futuro será mejor.

Por eso, es que ha llegado el momento de despertar. Los candidatos justos los crea el pueblo y hoy, estamos siendo llamados a crear.

sábado, 7 de marzo de 2009

Viaje hacia la ceguera mental

La comodidad de pasar en cualquier momento de la vida o apenas terminada la inocencia de la niñez a vivir en un trance absoluto de ceguera mental y de atontamiento general, es una irresponsable y deplorable forma de vida. La belleza de aquella simple flor que nos impactó tanto de niños, pasa luego a ser misteriosamente invisible. Sin embargo, tropezamos con ella durante toda la vida: en grandes batallas ganadas, dando tintura a lo opaco e incluso yacen vivas junto a lo inerte durante el cortísimo viaje entre el recuerdo y el olvido. No obstante, aquella belleza tácita que produce el estremecimiento en las entrañas de admirar lo perfecto, se vuelve invisible para muchos fantasmas que conforman familias, coronan puestos importantes e incluso logran increíblemente mantener a sus vasallos convencidos de que están vivos.

El éxodo comienza muchas veces muy temprano: Los adolescentes inician un viaje tecnológico y de apariencia explorando y creando necesidades inexistentes, mientras algunas madres también hacen lo mismo, pero centradas sobre todo en la parte que es visible a todos, en un perpetuo intento por remediar lo irremediable. Otras, se distraen en el trayecto entre ser y aparentar que se es para complacer a quienes pretenden que ellas sean y así resulta difícil mirar al otro lado de la calle a quienes no se encuentran en esta situación. Algunos maridos mientras tanto, se encuentran durante la travesía anonadados con la idea de la conquista de terrenos vírgenes e inexplorados, tratando de que los años no representen un impedimento para el itinerario. A otros, las 24 horas no les son suficientes para evaluar detenidamente pequeñeces irrelevantes para el género masculino.

En esta migración, cada quien se olvida de los demás mientras degusta su propia embriaguez. La tradición de viajar hacia lo que es tan superfluo que resulta casi irreal, se hereda de generación a generación, de manera que los nuevos miembros muchas veces mueren en el intento por entender el por qué de tanta infelicidad.

Es así la convivencia humana se ve amenazada por algunos seres inanimados que respiran, se mueven y viajan a tientas, pero que no lograron jamás asimilar sentimientos como el perdón, el amor y la sensibilidad ante el dolor ajeno.

Menos mal que mientras en la cabeza de muchos transcurre todo este ensueño fantasmagórico, hay también quienes permanecen tan extasiados como cuando niños de la belleza de las cosas y participan lúcidamente de los misterios de la existencia. Son precisamente estos los que han logrado descifrar donde se encuentran las inacabables benevolencias de la vida y descubren a diario la extraordinaria perfección de lo imperfecto.

miércoles, 18 de febrero de 2009

El día del juicio intermedio - I. Políticos

Como medida urgente para ver si acaso empezamos a obtener mejores calificaciones a nivel nacional en materias básicas para el desarrollo de un pueblo, como son la ética y la moral, se propone que la campaña “Recuperación del buen comportamiento” inicie, por tratarse de la capital y no porque sea el foco de infección, en San José. Se pretende dar algo tipo “permiso de circulación para ticos” y comprobar así, si nuestro subdesarrollo se debe además a deficiencias en materias que seguramente por iniciativa propia nos eximiríamos de por vida. Los primeros llamados a solicitar su “marchamo” son los políticos, iniciando ojalá por aquellos que no tengan manchado el expediente de la ética y moral, para así dedicarles el espacio y tiempo necesarios a aquellos que sí lo merecen. Para aligerar el auto-examen y saber así qué tan grave es la situación propia, se definen parámetros mínimos a cumplir y se da un diagnóstico tipo “Riteve” donde aparecen faltas graves y leves. Se aclara de antemano, que todos los costarricenses mayores de edad, sin excepción, están en la obligación de portar dicho permiso, por lo tanto, deben estar atentos al llamado en todos los medios de comunicación del país para asistir el día que corresponda a su profesión, ocupación o cualquier otra clasificación que se haga por conveniencia del proceso.


Entre las faltas graves para la clase política se citan algunas como:

- Cobrar un honorario extra aún tratándose de un “camaroncito” de fin de semana.

- Utilizar el carro del trabajo para darle una vueltita a la “amiga/o” que últimamente está necesitada/o de atención o incluso cuando se trate de pasar a comprarle el diario al supermercado. Nótese que esta situación pudiera confundir hasta a los más audaces, pues se pudiera interpretar como una acción noble y desinteresada.

- Ser el buchón del grupo y pedir champaña durante una comida en restaurante, cuando es otro el que paga – peor aún, si es el ciudadano común y corriente (usted o yo) el que adeuda la cuenta. En este caso, la pena a aplicar es una invitación a por lo menos 3 familias completas de La Carpio, al mismo restaurante, con los mismos platos y bebidas, pero pagando de su propio bolsillo. Además, será necesario que estén los medios de comunicación como testigos de que la pena se ha cumplido a cabalidad y para que participen del brindis por la lección aprendida.


- Hacer chorizos –no para vender que sería lo mejor que podría pasar en tiempos de vacas flacas- sino, para evadir pagos de seguros, cesantías, vacaciones etc. de María, la encargada de recoger todo tipo de trapos sucios.

Las faltas leves pueden ser:
- Manejar por despiste total el día de entrada de clases con la placa que NO debe circular y hacerse pillar por el tráfico. La falta se convierte en grave si en lugar de llamar a Telenoticias para que sean testigos de lo justo que es uno al reconocer la falta, se hace pillar por Canal 6, pagándole al tráfico. Peor aún, por pinche, si lo que paga son menos de 5 mil pesos.

- Aceptar un “cariñito” por simpatía o por excelentes labores durante algún viaje oficial y reconocer apenas regresa al país que se cometió el error y enmendarlo. Si por el contrario son los medios los que dan a conocer el hecho, aún tratándose de una típica: “se me fue la pajarita”, toca hacerle frente al castigo de una falta grave.

Este es un extracto del manual que puede que se encuentra en http://www.100enconducta.com/


Como nadie discute que con el ejemplo se predica, convertiremos a este pueblo en un nido de ejemplares predicadores. Para dicho fin, se han creado labores para que los culpables tengan la oportunidad de devolver al pueblo todo lo que “han tomado prestado”, o sino al menos aprendido y así puedan enmendar la falta y volver a intentarlo una vez cumplido el castigo. Entre los trabajos sociales se encuentra la recolección de basura en la capital en horas de la noche –se imaginan a doña Clara encaramada en el camión agarrando las bolsas con los restos de los restaurantes que recoge alguna otra figura pública que fue agarrada con las manos en la botella?, para aquellos que por ser muy trabajadores, quieren seguir ejerciendo su labor durante el día, sin interrupción. Otros trabajos que puede servir de comodines para estas situaciones son: dar lecciones de ética en alguna escuela en Pavas -aplicando ejemplos de la propia vida-, enseñar técnicas de superación personal en La Carpio -utilizando también en este caso, las tan valiosas experiencias personales-, limpiar el cauce de algún río contaminado con niños de escuelas asistiendo a la gran lección de cómo se puede lograr ser un político de los que “se arrolla las mangas de la camisa” como dicen por ahí, entre otros.

Después de realizada cualquier labor para ganar la enmienda, se debe obligatoriamente pasar al menos una hora, a una casetilla tipo la del guarda de seguridad con un letrero que dice: “lección aprendida y superada” que se creará exclusivamente para que el pueblo entero pueda conversar con los afectados y demostrar su aprecio. Después de esta corta estadía, se hará entrega de un certificado frente a los medios de comunicación que dicta: fulanito/a de tal cumplió con lo impuesto y está preparado para intentar obtener nuevamente el “permiso de circulación”. En caso de que por algún motivo de fuerza mayor se fracase en la obtención de dicha “visa”, el ciudadano quedará en cuarentena y podrá circular únicamente dentro de su casa, quedando por fuera el navegar por aire o espacio cibernético, evitando así la contaminación del resto del pueblo.

sábado, 7 de febrero de 2009

Las crisis de la existencia versus crisis existenciales

Nuestra primera crisis la experimentamos durante el nacimiento. Pasamos de una acogedora estancia protegida, a un mundillo tentador que con luces de colores nos incita a creer que siempre debajo encontraremos envueltas, hermosas sorpresas con todo lo que necesitamos para ser felices. De esta manera, al inicio pareciera que vida pudiera ser simplemente maravillosa y sencilla.

Mientras divagamos por los rincones de los 20 o quizá incluso antes al doblar la esquina de los 17, nos damos cuenta que la burbuja en la que vivimos se permeabiliza y el grito de auxilio no se hace esperar ante las crisis amorosas. Aún cuando todo pareciera indicar que de esta no se sale con vida, también de esa logramos salir triunfantes y todo pasa a formar parte del baúl de los recuerdos. Otros, experimentarán un poco más tarde, una crisis matrimonial, de la cual muy probablemente, también logren salir adelante aunque un poco maltratados, aruñados y con abundante desconfianza. Luego, el hombre se adapta al entorno, en parte olvida, y la vida continúa su rumbo.

Ante una crisis existencial, la pregunta que golpea contra todos los sentidos mientras se está confundido en el gran valle de lágrimas, es sobre la misión nuestra en el planeta. Aún pareciendo imposible en el momento más crítico de la tormenta, es factible salir de aquí con buena escuela para el resto de la existencia. De esta manera, una crisis también puede significar un salir de la autopista hacia carreteras alternas; un viraje de 360 grados. La crisis financiera que hoy retumba en los oídos y sobre todo en los bolsillos (por obvias razones, en algunos más y en otros menos), pudiese entonces ser una buena oportunidad para poner a funcionar al ingenio humano y descubrir diferentes caminos, frescas experiencias y nuevas oportunidades para dar un sentido más intenso a nuestra existencia. Seguramente, sería además un buen momento para reflexionar sobre si el sistema que hemos construido para convivir con nuestros semejantes es correcto y justo.

Algunas dudas nos atropellan el juicio: Será que se nos fue la mano con el consumismo, intimamos demasiado con nuestra amiga la codicia y ahora somos presa de nuestras propias flaquezas? En qué momento nos dejamos convencer de que aquel aparatito que nació para alivianar los problemas de comunicación (me refiero al invento del celular) debía tener música, fotos y hasta internet y debía cambiarse cada cierto tiempo (por cuestiones de imagen, por supuesto)? Y cuando fue que aprendimos a ser tan dependientes de él que enviamos mensajes de texto cuando se está por llegar a una cita con algo como: estoy por llegar, si estamos a la vuelta de la esquina y llegaremos de todas maneras en menos de cinco minutos? Es aquí donde nos damos cuenta lo manipulables que somos y cómo voluntariamente y con gran placer alimentamos a quienes nadan en riquezas inimaginables aprovechándose del rebaño que mansamente se deja guiar por el pastor maestro del arte de la publicidad.

Es así como somos pasajeros frecuentes y seleccionados del tren del consumismo. Viajamos a toda velocidad por una ruta sin paradas, mientras se nos muestra todo un mundo sonriente y tentador que nos marea con la idea de que para alcanzar la felicidad completa existen cientos de aparatos y adquisiciones por las cuales debemos trabajar.

Quizá el principio de una solución sería, que un día de tantos, mientras estamos cómodamente en ese tren, tuviésemos la curiosidad de mirar hacia la otra ventanilla -allí, donde está aquel grupo amenazante que nos mira con desprecio por no poder hacer más que mirar de lejos a este vehículo y sus viajeros. Entonces, sería esperanzador para la raza humana que ese momento crucial nos provocase la crisis existencial más profunda y regeneradora de la historia de la humanidad, para que así, la vergüenza por no haber hecho lo suficiente para que este fuese un mejor lugar para vivir para todos y sin excepción, nos impidiese seguir mirándoles directamente a los ojos mientras pensamos en nuestra próxima adquisición.

domingo, 1 de febrero de 2009

Sobre la asquerosidad y los sinsabores

Hay cosas o situaciones que nos dejan una desazón enorme y un vacío simple, afónico, prácticamente inexplicable. Estas mismas cosas o situaciones en otros individuos provocan un asco físico tan profundo capaz de invadir el rincón más escondido de la moral. Apelar al asco es algo que debe hacerse no desde las entrañas de la cavidad estomacal, sino más bien desde esa pequeñísima ventaja que tenemos sobre los demás simples seres que no razonan: me refiero al cerebro.

El asco físico lo conocemos todos y reconocemos perfectamente los síntomas puesto que parece ser que es algo bastante generalizado. Pero qué hay del asco moral? Por qué algunos en lugar de sentir el asco moral sienten un sinsabor?

El sentir asco moral es una valoración subjetiva, pero a la vez es uno de los máximos desprecios del ser humano hacia sus semejantes o hacia sus acciones. Se es juez así ante el atropello de los principios éticos, pero además, se agrega una reacción personal y única, incluso corporal, ante esa infracción de lo que debe ser respetado. Yo me pregunto: será que las hormigas también se sienten asqueadas cuando una “pasada de viva” abusa de la más débil y ahorrándose distancias, le quita “prestado” el alimento? O será que ésta es una acción típica y exclusiva de los seres superiores?

Lo moralmente asqueroso nos provoca rechazo, desde luego, pero además una sensación que no es un sinsabor, sino más bien una poquedad grasienta y pegajosa, que amenaza con adherirse a la piel y dejarnos eternamente como a los cerdos en la porqueriza. Nuestras propias asquerosidades nos intimidan y nos sorprende como después de tantos remojos, aún seguimos oliendo a inmundicia.

No sentimos el asco moral frente a lo horroroso, sino ante lo ruin. Dudo por ejemplo que alguien haya sentido asco ante la noticia de la violación del niño en el albergue o ante las tantas notas de baleados que vemos todos los días en los diarios: lo que se siente es una gran rabia, consternación y una entrañable perturbación ante lo que irrumpe la fantástica armonía civilizada entre nosotros, los humanos.

Indudablemente la sensación existente es el asco (la cual vendrá acompañada seguramente de la ira) lo que experimentamos ante el político que se enriquece rápida y milagrosamente, mientras que los que lo eligieron bajan cada vez más de nivel hasta llegar a la parada final del cementerio de los obreros (si tienen suerte y no deben sufrir antes la pena de ver al rico navegar en manjares y ellos se alimentan de las sobras) o ante quien se aprovecha del desorden provocado por el exceso de almas conmovidas después de un terremoto y se mete a llevarse prestadas algunas cositas de las hogares abandonados por sus despavoridos dueños.

El punto máximo del asco nos invade cuando escuchamos a los que pretenden excusar o minimizar estos actos indecentes del ser humano en nombre de cualquier lógica que le sea útil.
El asco nace del desprecio y resulta humanamente imposible despreciar cuando se está siendo encañonado por un adolescente urgido de tu celular, mientras uno intenta continuar con vida. La inseguridad ciudadana que estamos viviendo es horrorosa, pero lamentar la situación o convertirse en el “hombre invisible” ante ella es asqueroso.

Motivos para el asco moral en este país sobran e incluso en los últimos años van en aumento. Hemos ido perdiendo la orientación del tico honesto y trabajador para transformarnos en el tico moderno, globalizado y trepador, cueste lo que cueste. Lo que no estamos tomando en cuenta, es lo terrible que sería llegar a la cumbre y morir asqueados de nuestra propia existencia cuando a través del espejo veamos los ojos acusadores de los que aplastamos en el camino por llegar a la cima de primero.