Nuestra primera crisis la experimentamos durante el nacimiento. Pasamos de una acogedora estancia protegida, a un mundillo tentador que con luces de colores nos incita a creer que siempre debajo encontraremos envueltas, hermosas sorpresas con todo lo que necesitamos para ser felices. De esta manera, al inicio pareciera que vida pudiera ser simplemente maravillosa y sencilla.
Mientras divagamos por los rincones de los 20 o quizá incluso antes al doblar la esquina de los 17, nos damos cuenta que la burbuja en la que vivimos se permeabiliza y el grito de auxilio no se hace esperar ante las crisis amorosas. Aún cuando todo pareciera indicar que de esta no se sale con vida, también de esa logramos salir triunfantes y todo pasa a formar parte del baúl de los recuerdos. Otros, experimentarán un poco más tarde, una crisis matrimonial, de la cual muy probablemente, también logren salir adelante aunque un poco maltratados, aruñados y con abundante desconfianza. Luego, el hombre se adapta al entorno, en parte olvida, y la vida continúa su rumbo.
Ante una crisis existencial, la pregunta que golpea contra todos los sentidos mientras se está confundido en el gran valle de lágrimas, es sobre la misión nuestra en el planeta. Aún pareciendo imposible en el momento más crítico de la tormenta, es factible salir de aquí con buena escuela para el resto de la existencia. De esta manera, una crisis también puede significar un salir de la autopista hacia carreteras alternas; un viraje de 360 grados. La crisis financiera que hoy retumba en los oídos y sobre todo en los bolsillos (por obvias razones, en algunos más y en otros menos), pudiese entonces ser una buena oportunidad para poner a funcionar al ingenio humano y descubrir diferentes caminos, frescas experiencias y nuevas oportunidades para dar un sentido más intenso a nuestra existencia. Seguramente, sería además un buen momento para reflexionar sobre si el sistema que hemos construido para convivir con nuestros semejantes es correcto y justo.
Algunas dudas nos atropellan el juicio: Será que se nos fue la mano con el consumismo, intimamos demasiado con nuestra amiga la codicia y ahora somos presa de nuestras propias flaquezas? En qué momento nos dejamos convencer de que aquel aparatito que nació para alivianar los problemas de comunicación (me refiero al invento del celular) debía tener música, fotos y hasta internet y debía cambiarse cada cierto tiempo (por cuestiones de imagen, por supuesto)? Y cuando fue que aprendimos a ser tan dependientes de él que enviamos mensajes de texto cuando se está por llegar a una cita con algo como: estoy por llegar, si estamos a la vuelta de la esquina y llegaremos de todas maneras en menos de cinco minutos? Es aquí donde nos damos cuenta lo manipulables que somos y cómo voluntariamente y con gran placer alimentamos a quienes nadan en riquezas inimaginables aprovechándose del rebaño que mansamente se deja guiar por el pastor maestro del arte de la publicidad.
Es así como somos pasajeros frecuentes y seleccionados del tren del consumismo. Viajamos a toda velocidad por una ruta sin paradas, mientras se nos muestra todo un mundo sonriente y tentador que nos marea con la idea de que para alcanzar la felicidad completa existen cientos de aparatos y adquisiciones por las cuales debemos trabajar.
Quizá el principio de una solución sería, que un día de tantos, mientras estamos cómodamente en ese tren, tuviésemos la curiosidad de mirar hacia la otra ventanilla -allí, donde está aquel grupo amenazante que nos mira con desprecio por no poder hacer más que mirar de lejos a este vehículo y sus viajeros. Entonces, sería esperanzador para la raza humana que ese momento crucial nos provocase la crisis existencial más profunda y regeneradora de la historia de la humanidad, para que así, la vergüenza por no haber hecho lo suficiente para que este fuese un mejor lugar para vivir para todos y sin excepción, nos impidiese seguir mirándoles directamente a los ojos mientras pensamos en nuestra próxima adquisición.
Mientras divagamos por los rincones de los 20 o quizá incluso antes al doblar la esquina de los 17, nos damos cuenta que la burbuja en la que vivimos se permeabiliza y el grito de auxilio no se hace esperar ante las crisis amorosas. Aún cuando todo pareciera indicar que de esta no se sale con vida, también de esa logramos salir triunfantes y todo pasa a formar parte del baúl de los recuerdos. Otros, experimentarán un poco más tarde, una crisis matrimonial, de la cual muy probablemente, también logren salir adelante aunque un poco maltratados, aruñados y con abundante desconfianza. Luego, el hombre se adapta al entorno, en parte olvida, y la vida continúa su rumbo.
Ante una crisis existencial, la pregunta que golpea contra todos los sentidos mientras se está confundido en el gran valle de lágrimas, es sobre la misión nuestra en el planeta. Aún pareciendo imposible en el momento más crítico de la tormenta, es factible salir de aquí con buena escuela para el resto de la existencia. De esta manera, una crisis también puede significar un salir de la autopista hacia carreteras alternas; un viraje de 360 grados. La crisis financiera que hoy retumba en los oídos y sobre todo en los bolsillos (por obvias razones, en algunos más y en otros menos), pudiese entonces ser una buena oportunidad para poner a funcionar al ingenio humano y descubrir diferentes caminos, frescas experiencias y nuevas oportunidades para dar un sentido más intenso a nuestra existencia. Seguramente, sería además un buen momento para reflexionar sobre si el sistema que hemos construido para convivir con nuestros semejantes es correcto y justo.
Algunas dudas nos atropellan el juicio: Será que se nos fue la mano con el consumismo, intimamos demasiado con nuestra amiga la codicia y ahora somos presa de nuestras propias flaquezas? En qué momento nos dejamos convencer de que aquel aparatito que nació para alivianar los problemas de comunicación (me refiero al invento del celular) debía tener música, fotos y hasta internet y debía cambiarse cada cierto tiempo (por cuestiones de imagen, por supuesto)? Y cuando fue que aprendimos a ser tan dependientes de él que enviamos mensajes de texto cuando se está por llegar a una cita con algo como: estoy por llegar, si estamos a la vuelta de la esquina y llegaremos de todas maneras en menos de cinco minutos? Es aquí donde nos damos cuenta lo manipulables que somos y cómo voluntariamente y con gran placer alimentamos a quienes nadan en riquezas inimaginables aprovechándose del rebaño que mansamente se deja guiar por el pastor maestro del arte de la publicidad.
Es así como somos pasajeros frecuentes y seleccionados del tren del consumismo. Viajamos a toda velocidad por una ruta sin paradas, mientras se nos muestra todo un mundo sonriente y tentador que nos marea con la idea de que para alcanzar la felicidad completa existen cientos de aparatos y adquisiciones por las cuales debemos trabajar.
Quizá el principio de una solución sería, que un día de tantos, mientras estamos cómodamente en ese tren, tuviésemos la curiosidad de mirar hacia la otra ventanilla -allí, donde está aquel grupo amenazante que nos mira con desprecio por no poder hacer más que mirar de lejos a este vehículo y sus viajeros. Entonces, sería esperanzador para la raza humana que ese momento crucial nos provocase la crisis existencial más profunda y regeneradora de la historia de la humanidad, para que así, la vergüenza por no haber hecho lo suficiente para que este fuese un mejor lugar para vivir para todos y sin excepción, nos impidiese seguir mirándoles directamente a los ojos mientras pensamos en nuestra próxima adquisición.

1 comentario:
Hola Rosalba: Como dicen que este espacio es para hacer un comentario. Le tomo la palabra y permitame hacer uno bien cortito:
La humanidad, nunca podra solucionar su problema existencial , en la medida que no acepte su origen en el Dios creador de la Biblia. Si no sabemos de donde venimos; menos, sabre mos cual es el proposito para el cual vivimos. Y mucho menos, sabremos nuestro destino final.
Si en algo le podemos ayudar, si le interesa solucionar ese facil-Misterio... visitenos en:
www.efesio423.com / o escribanos a:
[email protected]
Publicar un comentario