Con movimientos expertos de manos y vista, la señora sacó rápida y disimuladamente del paquete de bolsas plásticas varios objetos y en instantes, el pequeño stand con una gran oferta de música y películas quedó al descubierto. Mientras observa nerviosamente hacia los lados, lanza frases incitando a los paseantes a revisar curiosamente la lista de las últimas películas que ofrece, guardando la esperanza de poder reunir un monto aceptable a manera de comprar algo para la cena familiar.
Un par de cuadras más hacia la izquierda, otros hacen lo mismo. Esta vez, no se trata de cds, sino de frutas y verduras ofrecidas en cajas plásticas colocadas en las orillas de las aceras, fajas, anteojos etc. También estos se mantienen alertas por si alguien les llama la atención por hacer lo que hacen y donde lo hacen. Los paseantes sortean a los vendedores cuando se puede y cuando no, invaden parte de las calles mientras los vehículos pasan intimidándoles y probando la ley del más fuerte. Para el peatón es importante aprender a vivir en esta ciudad y ejercitarse en cuanto a lidiar con objetos o personas que constantemente obstruyen el paso por las aceras, pero muchas veces éste mismo peatón se ha detenido a comprar cosas a los que obstruyen con sus ventas. Así que se trata de una convivencia complicada, pero muchas veces necesaria. También es de vital importancia aprender a convivir con sus semejantes cuando se comparte una misma situación económica que le arroja a las calles a luchar por un par de centavos lidiando con su propia sobrevivencia y la de sus familias, y esto, lo conocen mejor los que obstruyen que los que ven su paso obstruido.
En este mundo de los que se la juegan de la manera que sea para salir adelante, también existen aquellos que tienen la suerte de contar con la opción de montar el mismo negocio ilícito seguramente, pero sin nadie que les moleste ni amenace. La presentación de lo que ofrecen es muy diferente a los anteriores casos: ropa y objetos a precios muy accesibles para aquellos que conocen de marcas reconocidas mundialmente que exhiben en estantes limpios y muchas veces en tiendas de las “buenas”. En este mismo rubro también están aquellos que tienen uno de esos negocios “rent a movie” y que como el mercado es tan grande, deben ampliar la oferta con copias que son igual de ilegales que las que se ofrecen en el estante de la acera. En este caso, la venta transcurre tranquilamente, pues dentro del negocio, nadie ingresa a controlar ni tampoco son reprimidos por la ley.
La diferencia entre estos negocios reside entre quién tiene el derecho de tener un rendimiento de varias cifras tranquilamente dentro de un local, a quien no tiene ese derecho por cuestiones puramente monetarias y casi a manera de poder subsistir abre su chinamo andante en las aceras de San José. Estos, claro está, son cada vez más e incluso será cada vez más difícil correrles pacíficamente con el alegato de que su actividad es ilegal, pues no tardarán en darse cuenta de que no es justo que lo bueno para la gansa no lo sea para el ganso, y en un mundo donde los derechos se dice que son iguales para todos, nuestra vida se rige como en el caso de los carros que ven invadido su espacio para transitar, por la ley del más fuerte.
